De vez en cuando solemos recibir en la redacción algunas carias bastante curiosas y extrañas. En el caso de la llegada hace unos días hasta nosotros. Con ella, venia un mensaje que decia textualmente: «Seguramente os será de gran utilidad. Un amigo.» Guiados un poco por la curiosidad, comenzamos a leer: «Colditz, 1 de febrero de 1942. Mi nombre es Johnattan J.S. Me encuentro en uno de los campos de prisioneros más seguros de todo el territorio alemán. La vida aquí es monótona y dura; no sé si llegaré a ver el final de esta guerra... Esta noche me acosté roto por la dura jornada de trabajo en las canteras, por lo cual el sueño me sobrevino de forma rápida. Soñaba que me encontraba en el interior de un aparato cuadranglar, en algo que en mi sueño llamaban algo asi como juego de ordenador o videojuego. La jornada en el juego comenzaba por la mañana, cuando tocaba la campana en el campo de concentración. Más tarde, ibamos todos a llevar a cabo el ejercicio físico, para pasar a continuación a la zona de recreo. La comida no tardaría en llegar, y todos los prisioneros nos dirigíamos hasta allí escolta dos por docenas de soldados alemanes. Después de un tiempo libre, y una tarde más o menos azarosa, volvíamos a la cama.    
Sin embargo, un día, cuando me dirigía al servicio, encontré de manera accidental unos túneles subterráneos que podrían darme la libertad. Pronto descubrí otras maneras de salir de allí, inspeccioné los lugares por donde solían pasar las guardias, y apunté los sitios donde se encontraban algunas herramientas que podían serme de gran utilidad durante la fuga que ya estaba fraguándose en mi mente. Dentro del campamento seguí y estudié los pasos de algunos personajes que llevaban a cabo una labor de gran importancia: el comandante, dueño y señor del campo, suele aparecer cuando menos te lo esperas y siempre está vigilando sus dispositivos de segundad. Los guardias y soldados que custodian el castillo, sólo podían agarrarme cuando me tenían en su campo de visión en una línea recta. Por último, los prisioneros, mis compañeros, de mi país y otros aliados, pueden ser sobornados para que armen un poco de gresca mientras intento escapar. La fuga fue difícil, los alemanes me persiguieron hasta los mismos límites de la frontera, pero cuando estaba a punto de cruzarla me despertó el estridente ruido de la campana del campamento. Me di cuenta que el verdadero juego acaba de comenzar. TMA
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