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Las hojas de cálculo han pasado ya a la historia como una de las aplicaciones de ordenador más útiles.

CIELOS, otra hoja de cálculo... Eso fue lo primero que se me ocurrió cuando llegó a mis manos la caja naranja del programa con una nota de mi siempre amado superior pidiéndome la crítica correspondiente. Lo segundo que se me pasó por la cabeza fue algo referente a que me sentía joven como para morir en el intento de comprender el funcionamiento de otra hoja más, pero «mis sollozos y súplicas fueron cual clamores agonizantes en solitario desierto iluminado por tristes lunas de neón», (Gerardo Carlos Luis González: «Los sinsabores de un crítico de software». Capítulo treinta, página 593. Editorial Fonso.)

Apenas me sequé las lágrimas y comencé a leer las instrucciones aquello empezó a llamarme la atención: no sólo lo entendía todo, sino que tenía la sensación de que podría ser fácil de usar. Tras convencerme de estar despierto encendí mi CPC y me dispuse al trabajo analítico, que es cosa fina.

La presentación del disquete es excelente, tal y como nos han malacostumbrado los padres de la criatura, los señores y señoras de RPA Systems (Babeta, S. A., para los amigos del país): un archivador de fuerte cartón y forrado de tela que está protegido en una práctica caja. Veinte páginas de instrucciones, garantía, solicitud de información adicional y el disquete perfectamente inmovilizado, por si nos sale resbaladizo y quiere huir.

Aclarando conceptos

Estoy aquí, tan tranquilo, dispuesto a analizar una hoja de cálculo y a lo peor hay lectores que, bien por ignorancia, bien por no saberlo, se preguntan qué es eso. Una Hoja de Cálculo, con mayúsculas, es un programa de gestión que sirve de ayuda a aquellos que tienen que manejar habitualmente grandes volúmenes de cifras y los resultados parciales de operar con ellas. Ejemplo facilón sería el de un almacén mayorista donde compran género a un precio, le suman los beneficios a sacar, le restan los gastos realizados, lo venden con o sin descuento, a plazos, al contado y a porrillo y desean saber en todo momento, de un vistazo, cómo marcha el negocio esa semana, ese mes, ese trimestre y ese año.

Los ejemplos son infinitos, pues infinitos son los quebraderos de cabeza del ser humano. En plan operativo la hoja funciona fácilmente si nos acordamos del juego de los barquitos, donde la situación de un punto (en este caso la de una casilla) se define mediante las coordenadas de fila y columna. Para escribir algo en una de ellas no es necesario que escribamos sus coordenadas, sino que bastará con que llevemos el cursor hasta ella y allí pongamos lo deseado. Si esto último, lo deseado, fuese el resultado de operar con otras casillas, entonces usaremos alguna fórmula y lo que aparecerá será ese resultado. Realmente es casi más complicado explicarlo que hacerlo.

MULTICALC, en su versión para el 6128, trabaja bajo CP/M y han tenido el detalle de incorporar al disco el sistema operativo, de forma que se comienza con un RUN «Programa» en la cara «A» y él solito hace el resto de la carga. Tras unos pocos segundos que se hacen eternos, aparece el menú. Si miran el gráfico correspondiente verán que son siete las opciones debidamente numeradas, siete. Dado que era la primera vez que se usaba, la única opción posible era la primera. Pulsamos el uno y aparece un formato mínimo con columnas de la A a la Z y veinte filas.

¿Sólo veinte filas...? Pues no, hay 50, pero se ocultan tímida y recelosamente hasta ser solicitada su aparición. Una vez decidido y marcado el ancho que deseamos por columna, fácilmente realizable con las instrucciones a mano, estamos listos para escribir los encabezamientos, subrayados, comentarios y demás elucubraciones ingeniosas que nos ayuden en un futuro a comprender más fácilmente los cálculos o datos de nuestra hoja.

Como ya la tenemos formateada, ajustada a nuestra medida, podemos-pasar a introducir los datos en las casillas, es decir, en las filas y columnas elegidas. Con unos pocos de ellos podemos apreciar perfectamente la potencia del programa. Estas posibilidades aparecen en pantalla siempre que se desee al oprimir la tecla «f0».

Formuleando

Las hojas de cálculo son para calcular, porque de lo contrario se llamarían hojas de papel, de parra o, simplemente, hojillas. Para calcular en plan serio hacen falta fórmulas, y éste es uno de los puntos fuertes del programa. Los operadores predefinidos, que se llaman así porque de alguna manera hay que llamarlos, que todo hay que explicarlo, son cuatro y evitan el verdadero lío que servidor ha sufrido en anteriores ocasiones de escribir fórmulas para sumar filas y/o columnas enteras o parte de ellas.

Los operadores unitarios son otros, como se deduce al comprobar su distinto nombre: SENO, COSE, TANG, ARCT, RAIZ, LOGN, EXPO y VABS. Son especialmente útiles para los que manejen la hoja en plan matemático o así. Y nos quedan los binarios, que son los normalitos, los de andar por casa de toda la vida: + , - , * , / u ^, que es aquello de elevar a potencias. 

Por nuestra cuenta y riesgo podemos formar y crear hasta cincuenta fórmulas distintas, con una longitud máxima de cincuenta caracteres por fórmula. Quedan almacenadas en la memoria, así que si alguna de ellas se usa en más de un sitio no es necesario volver a escribirla, simplemente llamarla por el número de orden que le hemos asignado. Está prácticamente garantizado que el programa no se nos quedará corto a la hora de hacer los cálculos...

Resultados, queremos resultados

Con los datos introducidos, las fórmulas colocadas en sus sitios (que es fácil de verdad, que sí...) y la ansiedad en la mirada, oprimimos la tecla «f9». Comienza el cálculo, cursores vienen y van, se escriben resultados precisamente en las casillas que queríamos, todo funciona. Ciertamente pintoresco el haberlo logrado a la primera. Lo celebramos con agua de litines, llamamos a los amigos para contarlo y, tras enfadarnos por la poca importancia que le dan, seguimos.

Una de las opciones más interesantes es la de gráficos. Se accede a ella mediante «f1» y permite representar en forma de histograma tridimensional (que es lo mismo que un gráfico de barras, pero dicho más en plan ente-radillo) los valores de una fila o columna. Sirve para dar una idea de cómo van las cosas por la zona elegida. Por alguna extraña razón que se me escapa, no hay posibilidad de pasar dichos gráficos a la impresora...

Y al final de la jornada ...

Llegado el momento de cerrar la tienda, y es un decir, de poco nos serviría todo el trabajo si no podemos pasarlo a disco. Volvemos al menú con la tecla ESC y seleccionamos la opción «Salvar datos». Nos piden nombre y listo. Claro que, pensando un poco, hemos formateado la hoja a nuestro gusto, así que también tendremos que salvar el formato. Opción siete y solucionado. Como la cara «B» del disco original está virgen y mártir, la podemos utilizar sin ningún remordimiento.

Mañana, que será otro día, recuperaremos el formato y los datos para seguir añadiendo o rectificando. Y si' el formato, tras unas horitas de descanso o jarana, nos parece poco apropiado, opción seis y a cambiar lo que sea.

Sección de cosas variadas

Una pena que la posibilidad de pasar nuestra hoja a la impresora venga ya con parámetros establecidos y no podamos trastear con ella. Imprime en ochenta columnas y letra normalita, de la más normalita que tengamos. Una pena...

Cuando los resultados de las operaciones sobrepasan el espacio que hemos asignado para escribirlos, aparece el carácter «*». Revisando y modificando el formato posiblemente logremos dar con ese poco más de espacio que necesita para mostrarlo como está mandado. También pudiera suceder que nos saliera el signo de admiración «!», que todo puede ser en este loco mundo en el que nos ha tocado vivir. Ello significa cosas tan terribles como divisiones por cero, raíces de números negativos o logaritmos de cero. Hay que repasar la fórmula de esa casilla, porque o nos hemos equivocado o nos hemos querido pasar de listos. La admiración justiciera atacará cuantas veces considere oportuno...

En la vida de todos hay momentos terribles, pero en la del usuario de esta hoja de cálculo hay dos que merecen especial atención y que pueden dar altraste con nuestros desvelos: mandar algo a la impresora sin que ésta esté conectada y trabajar sin el disquete en su lugar. En estas condiciones a lo peor se produce un «cuelgue» del CPC y la terrible y única solución sería apagar y volver a encender. Y comenzar de nuevo el trabajo del día... Esto es algo que revuelve el higadillo de pollo al más tranquilo de ios mortales. Merece la pena tener cuidado.

Las últimas páginas del manual están dedicadas a mostrar paso a paso la creación de un caso ficticio, de un ejemplo. Con ello estoy seguro de que quedarán disipadas hasta las dudas que pudieran tener los más negados. Increíble, pero cierto; ésta es una hoja

de cálculo de potencia suficiente para un volumen mediano de movimientos y que es fácil de usar.

Manuel Ballestero Santaolalla

  • DISTRIBUIDOR: Babeta, S. A.
  • LO MEJOR: Su sencillez y facilidad de uso.
  • LO PEOR: No está pensada para volúmenes de cifras muy grandes y la posibilidad de «cuelgue» que pende sobre nuestras cabezas.

Amstrad User

★ PUBLISHER: RPA SYSTEMS
★ YEAR: 1986
★ CONFIG: ???
★ LANGUAGE:
★ LICENCE: COMMERCIALE
★ AUTHOR(S): ???

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L'Amstrad CPC est une machine 8 bits à base d'un Z80 à 4MHz. Le premier de la gamme fut le CPC 464 en 1984, équipé d'un lecteur de cassettes intégré il se plaçait en concurrent  du Commodore C64 beaucoup plus compliqué à utiliser et plus cher. Ce fut un réel succès et sorti cette même années le CPC 664 équipé d'un lecteur de disquettes trois pouces intégré. Sa vie fut de courte durée puisqu'en 1985 il fut remplacé par le CPC 6128 qui était plus compact, plus soigné et surtout qui avait 128Ko de RAM au lieu de 64Ko.