En el número 3 de nuestra revista os ofrecíamos un amplio comentario, mapa y cargador incluidos, de este interesante y complicado juego de Elite en su versión para Spectrum. Ahora les ha tocado el turno a los usuarios de Amstrad de poder disfrutar de las ventajas que este «Patas Arriba» gentilmente os ofrece. De entre los muchos juegos que han pasado por nuestras manos, los hemos visto con muy variados niveles de dificultad. Hay algunos que son sencillos de resolver, otros un poco más complicados, la gran mayoría relativamente dificultosos e incluso los hay en los que resulta bastante crudo llegar hasta el final. Pero Airwolf pertenece a ese tipo de programas que podríamos denominar prácticamente imposibles. Y no es que en Airwolf haya que calentarse excesivamente la cabeza con complicadas estrategias, ni realizar innumerables pruebas con cientos de objetos para sacarles alguna utilidad. Tampoco tendremos que aprender a manejar un sofisticado panel de mando con cantidad de indicadores y, ni siquiera, posee un número elevado de pantallas. Airwolf es «simplemente» un juego de habilidad. Pero no de habilidad así lisa y llanamente, sino de auténtica habilidad suprema. Pero vayamos por partes y no nos adelantemos a los acontecimientos. En primer lugar debemos señalar que somos los encargados de pilotar el artilugio volador más caro y sofisticado de cuantos existen; un helicóptero capaz de realizar las más arriesgadas maniobras y que además, posee un potente sistema de armamento con el que podremos destruir cuantos obstáculos se encuentren en nuestro camino.  
Sin embargo, todas estas características no nos servirán de nada si, bien por algún pequeño fallo de pilotaje o bien por un ataque sorpresa por parte de alguna bomba teledirigida, nuestro helicóptero colisiona contra alguno de los pétreos muros de la base en la que nos encontramos o se precipita hacia alguna de las numerosas zonas magnetizadas. El millón de dólares que se invirtió en la fabricación y diseño de este super-helicóptero quedará reducido a cenizas en apenas unos segundos, y nosotros, por supuesto, con él. Esta será, a parte de la misión principal, que ahora os contaremos, nuestro objetivo más inmediato: el intentar no chocar, pues, como ya os dijimos anteriormente, Airwolf no se trata de un simulador propiamente dicho, en la medida de que no debemos controlar ninguna circunstancia o mecanismo especial como altímetros, velocidad, o niveles de combustible, sino que simplemente tendremos que limitarnos a pilotar el helicóptero. OBJETIVO DEL JUEGO El objetivo principal del juego consiste en rescatar de esta laberíntica base subterránea a un grupo formado por cinco eminentes científicos que han sido raptados por no se sabe quién y con qué oscuras intenciones. Pero eso a nosotros nos trae completamente al fresco, pues nos van a pagar lo mismo; y además no hemos venido aquí a hacer preguntas, sino a demostrar nuestras habilidades como pilotos. Lo malo es que los científicos no se encuentran todos reunidos en la misma sala, sino que están en lugares distintos, por lo que tendremos que ir rescatándoles de uno en uno y la misión nos resultará seis veces más complicada de lo que esperábamos en un principio. El caso es que ya nos encontramos en el interior de la base a bordo de nuestro hiperhelicóptero dispuestos a luchar hasta el fin. A nuestro alrededor podemos ver varios objetos diferentes. En primer lugar vemos, a nuestra derecha, un bonito radar. Pues a ése, y a todos los que irán apareciendo como él, ni tocarlos. En cuanto lo hagamos seremos destruidos por completo, y por otra parte, por mucho que disparemos contra ellos no les podremos hacer ni el más leve daño. Así pues, cuanto más lejos de ellos mejor. 
Al otro lado, es decir a la izquierda, podremos apreciar que dos enormes columnas se alzan, magníficas, ante nosotros, impidiéndonos el paso hacia un pequeño hueco en el cual se encuentra un extraño artefacto. Aquí es donde tenemos que comenzar a demostrar nuestras dotes, y, haciendo uso de nuestra ametralladora. que para eso la llevamos, deberemos disparar contra ellas hasta que no quede ni el más mínimo resquicio y podamos pasar por el espacio que ha quedado libre. Una vez que consigamos situarnos encima de ese pequeño artefacto deberemos bombardearlo insistentemente hasta que quede totalmente destruido. Estos cajones son muy importantes para conseguir el objetivo final de nuestra misión ya que al romperlos conseguimos desconectar el mecanismo de seguridad que controla la apertura de las puertas que permiten el acceso a las salas en las que se encuentran los científicos; por tanto, será indispensable que no quede ni una sana y salva o de lo contrario no podremos llegar hasta ellos. LA PRIMERA PANTALLA, UN SUPLICIO Así. leyendo tranquilamente estas palabras, os parecerá que la cosa va a ser como coser y cantar. Nada más lejos de la cruda'realidad. Posiblemente tardaremos horas, días e incluso meses en salir de esta primera pantalla.No os hagáis los listos que ya sabemos que se puede bajar directamente por debajo, que nosotros también lo hemos hecho ya, pero eso no nos va a servir absolutamente de nada, ya que como os acabamos de decir, si no destrozamos los cirimbolillos cúbicos, no podremos hacer nada. Así que ya sabéis, a sufrir como todos y a matarnos una vez más. Bueno, supongamos que ya hemos conseguido pasar y que nos encontramos en la segunda pantalla. Ahora sí que no tendremos otro remedio que destruir las columas si aún queremos continuar. Esto no resultará demasiado complicado, ya que éste es sin duda el escenario más sencillo de todos. En la tercera pantalla podremos comprobar que las cosas van poniéndose más complicadas aún. ya que además de los obstáculos de costumbre ahora empiezan a aparecer bombas voladoras que, por la pinta que tienen, no deben traer muy buenas intenciones. Pero sigamos poniéndonos en el caso utópico de que también hemos conseguido pasar esta pantalla y que nos encontramos en la número cuatro. Aquí nos encontraremos con la posibilidad de seguir dos caminos diferentes: uno hacia arriba y otro hacia la derecha. Nuestra recomendación es que depués de haber ametrallado el abrepuertas que se encuentra protegido por esa especie de rayos electromagnéticos (que a su vez habremos previamente bombardeado), nos dirigimos hacia las pantallas de arriba, donde nos encontraremos con una serie de misiles. Por ellos tampoco debemos preocuparnos, pues ni nos atacarán ni podremos atacarles, así pues, haciendo caso omiso de ellos seguiremos nuestro camino hacia la derecha. Una nueva pantalla con dos salidas posibles aparecerá ante nuestros seguramente ya cansados ojos. La salida inferior se encuentra protegida por un campo magnético, que a pesar de que lo podríamos destruir, por el momento no nos interesa, así pues tomaremos la dirección opuesta y subiremos a la sala número siete. EL BUEN CAMINO Si hemos ido haciéndolo todo bien, es decir, si hemos acabado con todos los artilugios destrozasistemas y hacemos lo propio con el que aparece en esta pantalla. se supone que las puertas de la derecha estarán completamente abiertas y que nos permitirán penetrar en un lugar de apariencia totalmente diferente a lo que hemos venido viendo hasta ahora Esto será la señal inequívoca de que vamos por el buen camino. Si conseguimos atravesar el campo de fuerza nos encontraremos, ¡por fin!, ante el primero de los científicos. Pero lo que hemos hecho hasta ahora será un juego de niños si lo comparamos con las virguerías que tendremos que llevar a cabo para acercarnos con nuestro helicóptero hasta la cabina en la que se encuentra el anciano profesor. Si conseguimos rescatarle, no os desesperéis demasiado pero tendremos que volver sobre nuestro propios pasos para acabar de estallar los anexos simbióticos que quedan en el resto de las pantallas {una para ser exactos) y que será el que nos permitirá entrar por nuestra derecha hasta una estancia donde se encuentra un enorme supermisil. el cual si le hacemos estallar dará por concluida nuestra misión. No os desaniméis ahora que sólo quedan cinco científicos por rescatar. Además, no os iréis a rendir ahora que empiezan a ponerse las cosas interesantes. Amalio GOMEZ, Micromania |